domingo, 2 de marzo de 2025

Regresando a las aulas

Durante el verano, he reflexionado mucho sobre la revolución educativa que se está generando con el uso de la IA y las inquietudes que esto despierta en los docentes. Todos quienes trabajamos en educación agradecemos la enorme ayuda que nos brinda, pues nos permite automatizar muchas tareas y optimizar el escaso tiempo del que disponemos frente a la infinidad de responsabilidades que conlleva nuestra labor.

Sin embargo, nuestra mayor preocupación sigue siendo garantizar que nuestros estudiantes no dejen de aprender y que la IA no se convierta en un sustituto del pensamiento crítico. El desafío está en nuestras manos. Desde hace tiempo sabemos que los docentes ya no somos la única fuente del conocimiento; este está en todas partes y al alcance de todos. Hoy, más que nunca, debemos cambiar la forma de enseñar e incorporar metodologías activas como aliadas del proceso educativo.

En estos contextos, la IA puede ser de gran ayuda, ya que actúa como un complemento en los procesos de aprendizaje. Nuestro foco debe estar en cómo evaluamos y en el desarrollo de habilidades esenciales: pensamiento crítico, investigación, comunicación, autogestión y habilidades sociales. Pero, más que nunca, es nuestro deber acompañar a nuestros alumnos. La presencia física, el soporte emocional, la empatía y nuestro rol motivador son más importantes que nunca.

Los invito a explorar, formarse y vivir este desafío sin miedo, sino con curiosidad. Es fundamental que las instituciones educativas brinden formación y acompañamiento a sus docentes en esta nueva etapa. Al mismo tiempo, las universidades deben repensar sus procesos de selección, apostando por evaluar habilidades y competencias en lugar de basarse únicamente en pruebas estandarizadas. La educación no podrá transformarse si no replanteamos la forma en que evaluamos a los estudiantes.

Estamos frente a una revolución educativa, y aunque la tecnología avanza rápidamente, nuestro rol sigue siendo insustituible. Volver a las aulas en este nuevo contexto nos desafía a repensar nuestra labor, a adaptarnos y, sobre todo, a seguir guiando a nuestros estudiantes en su proceso de aprendizaje con humanidad y compromiso.

sábado, 8 de febrero de 2025

Los asistentes virtuales: ¿aliados o reemplazo del contacto humano?

Hace unas semanas, cargué en el celular de mi padre las aplicaciones ChatGPT y Gemini. Le estuve enseñando de qué se trataban y lo que podía hacer con ellas. Exploramos tanto la opción de chatbot escrito como la de voz. Para él, que trabajó en la introducción de la computación en la Armada de Chile, estos avances son impresionantes y, por supuesto, le generan un gran interés.

En enero, en un bootcamp tecnológico realizado en la UC, se abordó el uso de la inteligencia artificial en el ámbito médico y cómo los asistentes virtuales parecen “humanizarse” en la interacción con los usuarios (lo que no es cierto). En el área de salud mental, por ejemplo, ya se están utilizando para acompañar a los pacientes mientras esperan atención, ofreciendo recomendaciones para aliviar ciertos síntomas. Esta aplicación permite una respuesta más rápida en el inicio de tratamientos.

El avance tecnológico es vertiginoso y cada vez es más necesario acercar a nuestros adultos a su uso. Recuerdo que en 2014, estando en Inglaterra, enfrenté por primera vez el autoservicio en un supermercado. Tenía 34 años y no tenía idea de qué hacer. Hace poco, vimos algo similar en el aeropuerto, cuando los módulos de autoatención colapsaron y muchas personas, especialmente mayores, no sabían cómo proceder.

Estas experiencias muestran que la tecnología puede ser un obstáculo cuando no se cuenta con la preparación adecuada. Por eso, educar en su uso no es solo una cuestión práctica, sino también un acto de inclusión y autonomía.

Este dilema entre la tecnología como aliada o como obstáculo me recordó dos películas. La primera, Robot & Frank (2012), protagonizada por Frank Langella, cuenta la historia de un adulto mayor que desarrolla una amistad con un robot asistente. La segunda, Her (2013), con Joaquin Phoenix, plantea un escenario más inquietante: un hombre solitario que termina enamorándose de un chatbot con voz femenina. Ambas películas muestran dos caras del mismo fenómeno: la tecnología puede ser una herramienta útil y enriquecedora, pero también puede desvirtuarse si se le da un papel que no le corresponde.

En educación, debemos enfocarnos en un uso que beneficie al usuario sin perder de vista lo esencial: la tecnología no puede reemplazar al ser humano. Especialmente en un mundo donde el desarrollo de habilidades blandas es cada vez más crucial, debemos aprender a integrar la IA sin descuidar lo que nos hace humanos.

Y aquí vuelvo a mi padre. Verlo maravillado con los asistentes virtuales es una prueba de que la tecnología puede abrir nuevas puertas a cualquier edad. Sin embargo, ninguna aplicación, por avanzada que sea, reemplazará el amor y la presencia de sus seres queridos. Porque más allá de las herramientas que faciliten su vida, lo que realmente necesitan nuestros adultos mayores es compañía, conversación y cariño. La tecnología puede ser un gran apoyo, pero el verdadero lazo sigue siendo humano.


martes, 21 de enero de 2025

Tiempos de cambio




El uso de la tecnología es una necesidad cada vez más evidente.
Aunque comparto que quienes no la conocen, si no se les impone, pueden vivir perfectamente sin ella.

Recuerdo que, a comienzos de los años 90, en uno de los cursos finales de mis estudios en Educación, nuestro profesor metió la mano en su bolsillo y sacó su billetera. Nos dijo: "¿Se imaginan un teléfono de este tamaño en sus bolsillos?". Él sabía de lo que hablaba, pues ya lo había visto en China, pero ninguno de nosotros, sus alumnos, imaginaba que, 20 años después, tras toda la evolución que ha tenido la telefonía móvil, no habría persona que no llevara un teléfono en su bolsillo.

El teléfono móvil se ha transformado en una suerte de extensión de la cabeza, siempre amarrado a la mano. Olvidar el celular en casa es una tragedia, pues significa perder la conexión con nuestro entorno, especialmente el laboral y familiar.

El mundo ha progresado tanto, que ahora, en el celular se puede cargar una oficina completa, sin necesidad de estar en un espacio físico.

Y así como nos da libertad, también nos la quita. Pero ese es otro tema, que profundizaremos en otro artículo.

Más allá de los teléfonos celulares, cuyo uso es ya multigeneracional, la tecnología avanza y podemos tomarla en nuestras manos o simplemente dejarla de lado. Pero, cuando usarla trae beneficios, lo cierto es que más vale hacer un esfuerzo y dejar de mirarla con desconfianza.

Hoy, mi intención es dar una luz de esperanza a los reacios a usar la tecnología, o a quienes la ven de manera distante, como algo "obligado". También quiero llegar a aquellos que están aprendiendo a usarla, o a quienes ya la usan pero no le han sacado todo su potencial. Mi grupo objetivo son principalmente los profesores y todas aquellas personas que deseen aprender, especialmente los mayores de 50, a quienes nos toca adaptarnos, pero que a veces le hacemos el quite por no dominarla.

Espero poder ayudarles en su uso y a sentirla más cercana. Y esto lo digo con conocimiento de causa, pues no me considero un "ser tecnológico", pero poco a poco me ha ido atrapando, especialmente por los aportes que ofrece al trabajo docente. Así, me encaminé hacia un Magíster y un diplomado, he hecho una gran cantidad de cursos y me he dispuesto a aprender, de manera autodidacta, todo lo que requiera. Ahora, a mis 54 años, en un acto de locura, dejando atrás la estabilidad, sentí el llamado de la tecnología y tomé la decisión de dar un vuelco en mi vida para dedicarme a promoverla. Una gran apuesta, pero sé que dará frutos.

Los invito a leerme e ir aprendiendo juntos. 







La creatividad y el proceso humano: una reflexión frente a la IA generativa

        Prompt:   Propuesta artística inspirada en Boticelli, qué incluya una mujer tocando una lira,  sentada en un paisaje pastoril. Cread...