lunes, 22 de septiembre de 2025

La creatividad y el proceso humano: una reflexión frente a la IA generativa



       Prompt:  Propuesta artística inspirada en Boticelli, qué incluya una mujer tocando una lira, sentada en un paisaje pastoril. Creada con Gemini

Hace unas semanas, compartí una reflexión sobre el potencial de la IA generativa y hoy quiero profundizar en mi punto de vista. Mi tesis de pregrado, inspirada en poemas isabelinos, se centró en la composición de cuatro madrigales ingleses. Este trabajo, realizado junto a mi profesor guía Enrique Reyes, nos tomó cerca de dos años, con reuniones semanales en las que discutíamos, reflexionábamos y construíamos. Fue un proceso de tremendo aprendizaje que no solo requirió de tecnicismos, sino también de una profunda reflexión.

La creatividad nace de la observación, del conocimiento del trabajo de otros y del ocio. Estos elementos, combinados, permiten el pensamiento activo. Los grandes músicos se formaron transcribiendo obras de otros, aprendiendo armonía, comprendiendo estilos y asimilando la forma en que otros articulaban su pensamiento musical. Mediante esta práctica, modelaban "motivos musicales" y formas. Fue precisamente la observación de lo establecido lo que permitió que figuras como Beethoven, Debussy o Stravinsky lo quebraran y crearan algo nuevo.

Ahora, con la irrupción de la IA, una máquina procesa el pensamiento humano y articula obras artísticas en menos de un minuto. No puedo evitar preguntarme cómo se sentirían los grandes exponentes del mundo creativo, literario, musical y plástico al ver esto.

¿Podemos definir como arte la respuesta de una máquina? Para pintar se necesita un pincel, para esculpir un cincel, para componer la comprensión del lenguaje musical y para escribir, una sensibilidad especial. Pero, por sobre todo, toda obra artística requiere de técnica, de un espacio de ocio, de calma, de tiempo y de silencio personal. También de un propósito y una emoción.

La pregunta esencial: ¿queremos delegar lo esencialmente humano? Crear casi por generación espontánea, sin degustar, sin corregir, sin decidir, es delegar a una máquina procesos que son propios del arte de la creación. Algunos podrían argumentar que sí se puede "degustar, corregir y decidir" a través de la iteración de un prompt. Sin embargo, en ese caso no es el humano quien crea, sino quien dirige. La máquina también aprende "transcribiendo" lo humano, pero ¿es correcto entregarle el poder de crear sin un proceso que sustente el resultado?

Es ese proceso del ocio, la calma, el tiempo y el silencio personal el que define lo que es esencialmente humano en la creación.

¿Qué piensan? 



domingo, 1 de junio de 2025

Uso de la IA: ¿plagiadores?

En mi rol de docente y de estudiante, surgen muchas interrogantes respecto a los aspectos éticos del uso de la IA. Entendiendo que debemos capacitarnos para guiar su uso, creo fundamental vivir el proceso de “ser alumno” y ponernos a prueba respecto de cómo la usaríamos. Durante estos últimos años me he ido capacitando en lo que refiere al uso de Tecnología aplicada a la Educación. Mis primeros trabajos siempre fueron realizados de manera tradicional, a través de la investigación, consulta bibliográfica, lectura, visualización de videos y material de apoyo. Todo ello debía ser sintetizado en mi mente para poder generar un ensayo, realizar un estudio de casos, un análisis o desarrollar algún proyecto. Todos sabemos que este es un proceso que requiere de mucho tiempo y dedicación. 

Antes de comenzar el Diplomado de Herramientas TIC e Inteligencia Artificial para el Aprendizaje en el en el Aula (UNAB), tuve un acercamiento a la IA, pero nunca la había utilizado para ayudarme en la investigación y como apoyo en el ordenamiento de ideas y afinamiento de redacción. La verdad es que fui bastante tímida, cuestionándome si hacer uso de ella me llevaría a un acto de falta de probidad. Con el paso de estos meses, me fui aventurando y ha sido un proceso fascinante. En general, mi interacción con los modelos de lenguaje ha sido de apoyo a mi trabajo, con la convicción de no perder mi sello personal. Lo uso como un tutor y los resultados son fantásticos, en la medida que me sugiere, me cuestiona y desafía. 

En las últimas entregas, por curiosidad pasé mis trabajos del diplomado por un detector de IA y mi sorpresa fue abrumadora: 93% de intervención de la IA, lo cual considero cuestionable. Sólo la utilicé como ayuda en la revisión de la redacción final y en algunas sugerencias de ideas, pero la IA atribuye su intervención en casi la totalidad de mi trabajo.

Aquí viene la pregunta… ¿fue ético servirme de su ayuda? La verdad es que me frustré.  A pesar de su uso, cada entrega llevó muchas horas de investigación, planteamientos personales y ordenamiento de ideas, debatir con la IA, para finalmente decidir por mi cuenta qué incluir, qué eliminar, etc.

Para los Educadores es un desafío, para los estudiantes también, pues pueden ser acusados de plagiadores. Creo importante sumar a todos los cuestionamientos presentes (sesgos, información falsa, problemas de privacidad, falta de verdadera de probidad) esta realidad. ¿Seremos capaces de controlar y determinar si el USO de la IA ha sido planteado éticamente? Creo que no, más considerando que ya existen “humanizadores de IA” cuyo fin es pasar un filtro para que no sea detectado como un producto hecho por ella. Sólo queda la obligación de educar, incluir la enseñanza de la ética en su uso y cambiar la forma de evaluar, si no nos veremos en una disyuntiva muy problemática al determinar si su uso ha sido ético o no.

Creo que nosotros, las generaciones mayores somos afortunados ya que crecimos entre libros y enciclopedias, casi todos somos ávidos lectores, a diferencia de los actuales estudiantes que suelen tener  dificultad para concentrarse y  leer. Si la IA les puede hacer el trabajo fácil…crearemos una generación con serios problemas en el desarrollo de habilidades cognitivas superiores. 

Alguna vez leí que lo importante primero enseñar a nadar, para luego conducir un bote. El uso de la IA debe ser regulado por las instituciones educativas y mediado por los docentes, a través de la integración gradual a las aulas, considerando el nivel madurativo de los estudiantes. Las metodologías de aprendizaje deben ser bien pensadas con el fin de invitar al proceso reflexivo, evaluativo y creativo.

Guardar la IA en un baúl es una utopía, llegó para quedarse y debemos aprender a vivir con ella.

Dejo a ustedes un interesante artículo respecto al primer punto planteado y que hace alusión al problema ético planteado.

https://iaenlasaulas.blogspot.com/2025/01/anti-plagio-o-creatividad-un-enfoque.html?sc=1744386557693#c8443667732213419385

 

domingo, 2 de marzo de 2025

Regresando a las aulas

Durante el verano, he reflexionado mucho sobre la revolución educativa que se está generando con el uso de la IA y las inquietudes que esto despierta en los docentes. Todos quienes trabajamos en educación agradecemos la enorme ayuda que nos brinda, pues nos permite automatizar muchas tareas y optimizar el escaso tiempo del que disponemos frente a la infinidad de responsabilidades que conlleva nuestra labor.

Sin embargo, nuestra mayor preocupación sigue siendo garantizar que nuestros estudiantes no dejen de aprender y que la IA no se convierta en un sustituto del pensamiento crítico. El desafío está en nuestras manos. Desde hace tiempo sabemos que los docentes ya no somos la única fuente del conocimiento; este está en todas partes y al alcance de todos. Hoy, más que nunca, debemos cambiar la forma de enseñar e incorporar metodologías activas como aliadas del proceso educativo.

En estos contextos, la IA puede ser de gran ayuda, ya que actúa como un complemento en los procesos de aprendizaje. Nuestro foco debe estar en cómo evaluamos y en el desarrollo de habilidades esenciales: pensamiento crítico, investigación, comunicación, autogestión y habilidades sociales. Pero, más que nunca, es nuestro deber acompañar a nuestros alumnos. La presencia física, el soporte emocional, la empatía y nuestro rol motivador son más importantes que nunca.

Los invito a explorar, formarse y vivir este desafío sin miedo, sino con curiosidad. Es fundamental que las instituciones educativas brinden formación y acompañamiento a sus docentes en esta nueva etapa. Al mismo tiempo, las universidades deben repensar sus procesos de selección, apostando por evaluar habilidades y competencias en lugar de basarse únicamente en pruebas estandarizadas. La educación no podrá transformarse si no replanteamos la forma en que evaluamos a los estudiantes.

Estamos frente a una revolución educativa, y aunque la tecnología avanza rápidamente, nuestro rol sigue siendo insustituible. Volver a las aulas en este nuevo contexto nos desafía a repensar nuestra labor, a adaptarnos y, sobre todo, a seguir guiando a nuestros estudiantes en su proceso de aprendizaje con humanidad y compromiso.

sábado, 8 de febrero de 2025

Los asistentes virtuales: ¿aliados o reemplazo del contacto humano?

Hace unas semanas, cargué en el celular de mi padre las aplicaciones ChatGPT y Gemini. Le estuve enseñando de qué se trataban y lo que podía hacer con ellas. Exploramos tanto la opción de chatbot escrito como la de voz. Para él, que trabajó en la introducción de la computación en la Armada de Chile, estos avances son impresionantes y, por supuesto, le generan un gran interés.

En enero, en un bootcamp tecnológico realizado en la UC, se abordó el uso de la inteligencia artificial en el ámbito médico y cómo los asistentes virtuales parecen “humanizarse” en la interacción con los usuarios (lo que no es cierto). En el área de salud mental, por ejemplo, ya se están utilizando para acompañar a los pacientes mientras esperan atención, ofreciendo recomendaciones para aliviar ciertos síntomas. Esta aplicación permite una respuesta más rápida en el inicio de tratamientos.

El avance tecnológico es vertiginoso y cada vez es más necesario acercar a nuestros adultos a su uso. Recuerdo que en 2014, estando en Inglaterra, enfrenté por primera vez el autoservicio en un supermercado. Tenía 34 años y no tenía idea de qué hacer. Hace poco, vimos algo similar en el aeropuerto, cuando los módulos de autoatención colapsaron y muchas personas, especialmente mayores, no sabían cómo proceder.

Estas experiencias muestran que la tecnología puede ser un obstáculo cuando no se cuenta con la preparación adecuada. Por eso, educar en su uso no es solo una cuestión práctica, sino también un acto de inclusión y autonomía.

Este dilema entre la tecnología como aliada o como obstáculo me recordó dos películas. La primera, Robot & Frank (2012), protagonizada por Frank Langella, cuenta la historia de un adulto mayor que desarrolla una amistad con un robot asistente. La segunda, Her (2013), con Joaquin Phoenix, plantea un escenario más inquietante: un hombre solitario que termina enamorándose de un chatbot con voz femenina. Ambas películas muestran dos caras del mismo fenómeno: la tecnología puede ser una herramienta útil y enriquecedora, pero también puede desvirtuarse si se le da un papel que no le corresponde.

En educación, debemos enfocarnos en un uso que beneficie al usuario sin perder de vista lo esencial: la tecnología no puede reemplazar al ser humano. Especialmente en un mundo donde el desarrollo de habilidades blandas es cada vez más crucial, debemos aprender a integrar la IA sin descuidar lo que nos hace humanos.

Y aquí vuelvo a mi padre. Verlo maravillado con los asistentes virtuales es una prueba de que la tecnología puede abrir nuevas puertas a cualquier edad. Sin embargo, ninguna aplicación, por avanzada que sea, reemplazará el amor y la presencia de sus seres queridos. Porque más allá de las herramientas que faciliten su vida, lo que realmente necesitan nuestros adultos mayores es compañía, conversación y cariño. La tecnología puede ser un gran apoyo, pero el verdadero lazo sigue siendo humano.


martes, 21 de enero de 2025

Tiempos de cambio




El uso de la tecnología es una necesidad cada vez más evidente.
Aunque comparto que quienes no la conocen, si no se les impone, pueden vivir perfectamente sin ella.

Recuerdo que, a comienzos de los años 90, en uno de los cursos finales de mis estudios en Educación, nuestro profesor metió la mano en su bolsillo y sacó su billetera. Nos dijo: "¿Se imaginan un teléfono de este tamaño en sus bolsillos?". Él sabía de lo que hablaba, pues ya lo había visto en China, pero ninguno de nosotros, sus alumnos, imaginaba que, 20 años después, tras toda la evolución que ha tenido la telefonía móvil, no habría persona que no llevara un teléfono en su bolsillo.

El teléfono móvil se ha transformado en una suerte de extensión de la cabeza, siempre amarrado a la mano. Olvidar el celular en casa es una tragedia, pues significa perder la conexión con nuestro entorno, especialmente el laboral y familiar.

El mundo ha progresado tanto, que ahora, en el celular se puede cargar una oficina completa, sin necesidad de estar en un espacio físico.

Y así como nos da libertad, también nos la quita. Pero ese es otro tema, que profundizaremos en otro artículo.

Más allá de los teléfonos celulares, cuyo uso es ya multigeneracional, la tecnología avanza y podemos tomarla en nuestras manos o simplemente dejarla de lado. Pero, cuando usarla trae beneficios, lo cierto es que más vale hacer un esfuerzo y dejar de mirarla con desconfianza.

Hoy, mi intención es dar una luz de esperanza a los reacios a usar la tecnología, o a quienes la ven de manera distante, como algo "obligado". También quiero llegar a aquellos que están aprendiendo a usarla, o a quienes ya la usan pero no le han sacado todo su potencial. Mi grupo objetivo son principalmente los profesores y todas aquellas personas que deseen aprender, especialmente los mayores de 50, a quienes nos toca adaptarnos, pero que a veces le hacemos el quite por no dominarla.

Espero poder ayudarles en su uso y a sentirla más cercana. Y esto lo digo con conocimiento de causa, pues no me considero un "ser tecnológico", pero poco a poco me ha ido atrapando, especialmente por los aportes que ofrece al trabajo docente. Así, me encaminé hacia un Magíster y un diplomado, he hecho una gran cantidad de cursos y me he dispuesto a aprender, de manera autodidacta, todo lo que requiera. Ahora, a mis 54 años, en un acto de locura, dejando atrás la estabilidad, sentí el llamado de la tecnología y tomé la decisión de dar un vuelco en mi vida para dedicarme a promoverla. Una gran apuesta, pero sé que dará frutos.

Los invito a leerme e ir aprendiendo juntos. 







La creatividad y el proceso humano: una reflexión frente a la IA generativa

        Prompt:   Propuesta artística inspirada en Boticelli, qué incluya una mujer tocando una lira,  sentada en un paisaje pastoril. Cread...