Hace unas semanas, compartí una reflexión sobre el potencial de la IA generativa y hoy quiero profundizar en mi punto de vista. Mi tesis de pregrado, inspirada en poemas isabelinos, se centró en la composición de cuatro madrigales ingleses. Este trabajo, realizado junto a mi profesor guía Enrique Reyes, nos tomó cerca de dos años, con reuniones semanales en las que discutíamos, reflexionábamos y construíamos. Fue un proceso de tremendo aprendizaje que no solo requirió de tecnicismos, sino también de una profunda reflexión.
La creatividad nace de la observación, del conocimiento del trabajo de otros y del ocio. Estos elementos, combinados, permiten el pensamiento activo. Los grandes músicos se formaron transcribiendo obras de otros, aprendiendo armonía, comprendiendo estilos y asimilando la forma en que otros articulaban su pensamiento musical. Mediante esta práctica, modelaban "motivos musicales" y formas. Fue precisamente la observación de lo establecido lo que permitió que figuras como Beethoven, Debussy o Stravinsky lo quebraran y crearan algo nuevo.
Ahora, con la irrupción de la IA, una máquina procesa el pensamiento humano y articula obras artísticas en menos de un minuto. No puedo evitar preguntarme cómo se sentirían los grandes exponentes del mundo creativo, literario, musical y plástico al ver esto.
¿Podemos definir como arte la respuesta de una máquina? Para pintar se necesita un pincel, para esculpir un cincel, para componer la comprensión del lenguaje musical y para escribir, una sensibilidad especial. Pero, por sobre todo, toda obra artística requiere de técnica, de un espacio de ocio, de calma, de tiempo y de silencio personal. También de un propósito y una emoción.
La pregunta esencial: ¿queremos delegar lo esencialmente humano? Crear casi por generación espontánea, sin degustar, sin corregir, sin decidir, es delegar a una máquina procesos que son propios del arte de la creación. Algunos podrían argumentar que sí se puede "degustar, corregir y decidir" a través de la iteración de un prompt. Sin embargo, en ese caso no es el humano quien crea, sino quien dirige. La máquina también aprende "transcribiendo" lo humano, pero ¿es correcto entregarle el poder de crear sin un proceso que sustente el resultado?
Es ese proceso del ocio, la calma, el tiempo y el silencio personal el que define lo que es esencialmente humano en la creación.
¿Qué piensan?
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