sábado, 8 de febrero de 2025

Los asistentes virtuales: ¿aliados o reemplazo del contacto humano?

Hace unas semanas, cargué en el celular de mi padre las aplicaciones ChatGPT y Gemini. Le estuve enseñando de qué se trataban y lo que podía hacer con ellas. Exploramos tanto la opción de chatbot escrito como la de voz. Para él, que trabajó en la introducción de la computación en la Armada de Chile, estos avances son impresionantes y, por supuesto, le generan un gran interés.

En enero, en un bootcamp tecnológico realizado en la UC, se abordó el uso de la inteligencia artificial en el ámbito médico y cómo los asistentes virtuales parecen “humanizarse” en la interacción con los usuarios (lo que no es cierto). En el área de salud mental, por ejemplo, ya se están utilizando para acompañar a los pacientes mientras esperan atención, ofreciendo recomendaciones para aliviar ciertos síntomas. Esta aplicación permite una respuesta más rápida en el inicio de tratamientos.

El avance tecnológico es vertiginoso y cada vez es más necesario acercar a nuestros adultos a su uso. Recuerdo que en 2014, estando en Inglaterra, enfrenté por primera vez el autoservicio en un supermercado. Tenía 34 años y no tenía idea de qué hacer. Hace poco, vimos algo similar en el aeropuerto, cuando los módulos de autoatención colapsaron y muchas personas, especialmente mayores, no sabían cómo proceder.

Estas experiencias muestran que la tecnología puede ser un obstáculo cuando no se cuenta con la preparación adecuada. Por eso, educar en su uso no es solo una cuestión práctica, sino también un acto de inclusión y autonomía.

Este dilema entre la tecnología como aliada o como obstáculo me recordó dos películas. La primera, Robot & Frank (2012), protagonizada por Frank Langella, cuenta la historia de un adulto mayor que desarrolla una amistad con un robot asistente. La segunda, Her (2013), con Joaquin Phoenix, plantea un escenario más inquietante: un hombre solitario que termina enamorándose de un chatbot con voz femenina. Ambas películas muestran dos caras del mismo fenómeno: la tecnología puede ser una herramienta útil y enriquecedora, pero también puede desvirtuarse si se le da un papel que no le corresponde.

En educación, debemos enfocarnos en un uso que beneficie al usuario sin perder de vista lo esencial: la tecnología no puede reemplazar al ser humano. Especialmente en un mundo donde el desarrollo de habilidades blandas es cada vez más crucial, debemos aprender a integrar la IA sin descuidar lo que nos hace humanos.

Y aquí vuelvo a mi padre. Verlo maravillado con los asistentes virtuales es una prueba de que la tecnología puede abrir nuevas puertas a cualquier edad. Sin embargo, ninguna aplicación, por avanzada que sea, reemplazará el amor y la presencia de sus seres queridos. Porque más allá de las herramientas que faciliten su vida, lo que realmente necesitan nuestros adultos mayores es compañía, conversación y cariño. La tecnología puede ser un gran apoyo, pero el verdadero lazo sigue siendo humano.


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