El uso de la tecnología es una necesidad cada vez más evidente. Aunque comparto que quienes no la conocen, si no se les impone, pueden vivir perfectamente sin ella.
Recuerdo que, a comienzos de los años 90, en uno de los cursos finales de mis estudios en Educación, nuestro profesor metió la mano en su bolsillo y sacó su billetera. Nos dijo: "¿Se imaginan un teléfono de este tamaño en sus bolsillos?". Él sabía de lo que hablaba, pues ya lo había visto en China, pero ninguno de nosotros, sus alumnos, imaginaba que, 20 años después, tras toda la evolución que ha tenido la telefonía móvil, no habría persona que no llevara un teléfono en su bolsillo.
El teléfono móvil se ha transformado en una suerte de extensión de la cabeza, siempre amarrado a la mano. Olvidar el celular en casa es una tragedia, pues significa perder la conexión con nuestro entorno, especialmente el laboral y familiar.
El mundo ha progresado tanto, que ahora, en el celular se puede cargar una oficina completa, sin necesidad de estar en un espacio físico.
Y así como nos da libertad, también nos la quita. Pero ese es otro tema, que profundizaremos en otro artículo.
Más allá de los teléfonos celulares, cuyo uso es ya multigeneracional, la tecnología avanza y podemos tomarla en nuestras manos o simplemente dejarla de lado. Pero, cuando usarla trae beneficios, lo cierto es que más vale hacer un esfuerzo y dejar de mirarla con desconfianza.
Hoy, mi intención es dar una luz de esperanza a los reacios a usar la tecnología, o a quienes la ven de manera distante, como algo "obligado". También quiero llegar a aquellos que están aprendiendo a usarla, o a quienes ya la usan pero no le han sacado todo su potencial. Mi grupo objetivo son principalmente los profesores y todas aquellas personas que deseen aprender, especialmente los mayores de 50, a quienes nos toca adaptarnos, pero que a veces le hacemos el quite por no dominarla.
Espero poder ayudarles en su uso y a sentirla más cercana. Y esto lo digo con conocimiento de causa, pues no me considero un "ser tecnológico", pero poco a poco me ha ido atrapando, especialmente por los aportes que ofrece al trabajo docente. Así, me encaminé hacia un Magíster y un diplomado, he hecho una gran cantidad de cursos y me he dispuesto a aprender, de manera autodidacta, todo lo que requiera. Ahora, a mis 54 años, en un acto de locura, dejando atrás la estabilidad, sentí el llamado de la tecnología y tomé la decisión de dar un vuelco en mi vida para dedicarme a promoverla. Una gran apuesta, pero sé que dará frutos.
Los invito a leerme e ir aprendiendo juntos.